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13-06-2008 11:13 PM
DONES ESPIRITUALES
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"Y él mismo dio unos, ciertamente apóstoles; y otros, profetas; y otros evangelistas; y
otros, pastores y doctores; para perfección de los santos, para la obra del ministerio, para
edificación del cuerpo de Cristo.
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Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un
varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo." Efesios 4:11–13.
Aprendimos de un versículo anterior que cuando Cristo ascendió a lo alto, dio dones a los
hombres. Véase el versículo 8. Entre estos dones se enumeran apóstoles, profetas,
evangelistas, pastores y maestros. El propósito por el cual fueron dados era para la
perfección de los santos en unidad y conocimiento. Algunos que en la actualidad profesan ser
pastores y maestros, aseguran que esos dones lograron completamente su objetivo hace unos
mil ochocientos años, y por consiguiente cesaron. ¿Por qué entonces no abandonan sus títulos
de pastores y maestros? Si por este texto la oficina de profeta está limitada a la iglesia
primitiva, igualmente lo está la de evangelista y todas las demás, porque no se ha hecho
ninguna distinción entre ellas.
Ahora, razonemos por un momento acerca de este punto. Todos esos dones fueron dados para la
perfección de los santos en unidad, conocimiento y espíritu. Bajo su influencia la iglesia
primitiva disfrutó por un tiempo de esa unidad. "Y la multitud de los que habían creído era
de un corazón y un alma." Y parece una consecuencia natural de este estado de unidad, que
"los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con gran esfuerzo, y gran
gracia era en todos ellos." Hechos 4:31–33. ¡Cuán deseable sería ahora tal estado de cosas!
Pero la apostasía con su influencia divisoria y destructora ha estropeado la hermosura de la
bella iglesia, y la ha vestido de saco. La división y el desorden han sido el resultado.
Nunca hubo una diversidad tan grande de la fe en la cristiandad como en la actualidad. Si
los dones fueron necesarios para la unidad de la iglesia primitiva, ¡cuánto más ahora para
restaurar la unidad! Y que ese es el propósito de Dios para restaurar la unidad de la
iglesia en los últimos días, es suficientemente evidente de acuerdo a las profecías. Se nos
ha asegurado que los atalayas verán ojo a ojo que Jehová vuelve a traer a Sión. Véase Isaías
52:8. También, que en el tiempo del fín los entendidos entenderán. Véase Daniel 12:10.
Cuando esto se cumpla, habrá unidad en la fe entre todos aquellos que Dios considera sabios;
porque los que en realidad entienden correctamente, tienen necesariamente que entender lo
mismo. ¿Qué es lo que va a efectuar esta unidad, sino los dones que fueron dados para este
propósito?
Si los dones fueron necesarios para la unidad de la iglesia primitiva, ¡cuánto más ahora
para restaurar la unidad de la iglesia en los últimos días! A partir de consideraciones como
esas, es evidente que el estado perfecto de la iglesia predicho aquí se encuentra todavía en
el futuro; por consiguiente, esos dones no han logrado todavía su propósito. Esa carta a los
Efesios fue escrita en el año 64 D.C, cerca de dos años antes de que Pablo le dijera a
Timoteo que él estaba listo para ser ofrecido, y que el tiempo de su partida estaba cercano.
Las semillas de la apostasía estaban germinando entonces en la iglesia; porque Pablo había
dicho diez años antes, en su segunda carta a los Tesalonicenses: "Porque ya está obrando el
misterio de iniquidad." 2 Tesalonicenses 2:7. Lobos rapaces estaban por entrar en medio de
ellos, que no perdonarían el ganado. La iglesia no estaba entonces creciendo y avanzando
hacia esa perfección de la unidad considerada en el texto, sino que estaba a punto de ser
desgarrada por facciones y confundida por divisiones. El apóstol sabía esto; por
consiguiente, él tiene que haber mirado más allá de la gran apostasía, al período de la
reunión del pueblo remanente de Dios, cuando dijo: "Hasta que todos lleguemos a la unidad de
la fe." Por lo tanto, los dones que fueron colocados en la iglesia no han cumplido su tiempo
todavía.

